< La "plaça" aquel día feriado estaba llena de tenderetes, allí se vendían todo tipo de mercaderías, tangibles e intangibles, siendo éstas últimas las más valiosas y las menos requeridas, pero todos venían a recabar en un tenderete común donde se vendía "el saber el "prezio" y estimación de las cosas".
El modo de apreciarlo era bien raro, porque era hacerlas "pieças", arrojarlas a un pozo, quemarlas, que al fin era perderlas.
Y esto hacían aún con las más preciosas como la salud, la "hazienda", la honra, el tiempo, el norte, en una palabra, todo cuanto más vale.
Preguntó uno: ¿Y así se conoce el valor de las cosas? A lo que le respondieron: es que hasta que no se pierden las cosas no se les conoce lo que valen.> (ref: El Criticón, Baltasar Gracián, crisi XIII, 1ª parte.)



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